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LEVANTAMIENTO DE LAS SANCIONES, UNA VICTORIA RUSA Y FRANCESA

logoPersonalmente creo que la resolución adoptada hoy por Francia es un gran paso para mi país. Como francés, estoy muy contento de que nuestro país votara en contra de las sanciones, el Sr. Mariani ha hecho una política muy eficaz en este ámbito durante mucho tiempo, y hemos visto que en la actualidad esta política fue exitosa.

Es una muy buena decisión política para Francia: se ha demostrado que puede ser independiente y elegir el camino beneficioso. Se puede estar en contra de la política de Estados Unidos contra Rusia. Por lo tanto, es una victoria para Rusia y Francia. No existe unanimidad, pero estas sanciones fueron útiles para la economía rusa, se puede decir que la economía rusa se ha vuelto más fuerte debido a las sanciones, tal vez sería mejor para Rusia si las sanciones duraran otros 10 años.

Pero dudo que sea adoptada por completo. No creo que el gobierno francés vaya a seguir la resolución. Podemos ver qué mayoría de diputados votó por el levantamiento de sanciones, el apoyo de Thierry Mariani, y de todos, y quién estaba en contra, quién quería que las sanciones se prolongaran, son los seguidores del partidos político de Francois Hollande, los socialistas y los ecologistas. Los ecologistas en Francia se oponen fuertemente a la Rusia de Putin, por lo que, por desgracia, creo que Francois Hollande no tomará esta decisión rápidamente.

Existe la posibilidad de que otros países sigan el ejemplo francés. Creo que muchos países de la UE tienen miedo de tomar una decisión así los primeros. Pero si otro país les da ejemplo, muchos de ellos lo seguirán. Creo que Italia, Austria puede tomar tales decisiones.

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¿Provocará la política de Estados Unidos en Ucrania una nueva guerra fría?

Poco antes de la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos se comprometió a no admitir repúblicas ex soviéticas en el seno de la OTAN. Y lo que sucedió a partir de 2004 fue exactamente lo contrario. Alexander Latsa pasa en revista esa historia, la continuidad de las prácticas estadounidenses desde hace 11 años y el carácter ya inevitable de una nueva guerra fría.

En medio del glacial invierno ruso de 1990, el extremadamente republicano y también tremendamente texano secretario de Estado estadounidense James Baker hizo en Moscú una sorprendente promesa.

Durante una conversación con Mijaíl Gorbatchov en el Kremlin, James Baker juró con la mano sobre el corazón que la OTAN no se extendería hacia el este si Moscú aceptaba que la Alemania reunificada se integrara a la alianza atlántica.

A mayor escala, aquello quería decir que los «occidentales» no tratarían de aprovecharse de la disolución del Pacto de Varsovia y de la retirada de las tropas soviéticas de Europa central. El ministro alemán de Relaciones Exteriores confirmó aquella promesa a su homólogo soviético Eduard Chevardnadze.

Posteriormente, el propio presidente Bill Clinton contó en un libro de su autoría que en 1997 Boris Yeltsin le había pedido que limitara toda eventual expansión de la OTAN a los ex miembros del Pacto de Varsovia pero que excluyera a los républicas de la antigua Unión Soviética, como los países bálticos y Ucrania. Читать далее

La guerra en Siria: ¿una guerra por la energía?

Aunque los importantísimos yacimientos de gas de Siria no parezcan tener hoy el mismo valor que hace 12 años, momento en que se planificó la guerra contra ese país, no es menos cierto que siguen siendo un factor invisible del conflicto. La Comisión Económica de la Coalición de la oposición externa siria se ha dedicado esencialmente a la repartición del gas que se haría entre los aliados después de la caída del Estado sirio. Pero, como ese momento no acaba de llegar, las grandes potencias van a tener que revisar sus apuestas.1314566-1730036

Mientras prosigue la guerra en Siria, la prensa dominante, que arremete constantemente contra el Estado sirio, olvida sin embargo de manera recurrente abordar uno de los aspectos más importantes de ese conflicto: su vertiente energética, vinculada fundamentalmente a las reservas de gas [1]. Ese aspecto explica en gran parte el activo respaldo de Rusia, no a la persona de Bachar al-Assad sino al régimen sirio para evitar su caída ya que, provocada por una voluntad externa, esta habría de convertirse en un elemento geopolítico dentro de un dispositivo mucho más amplio y en gran medida directamente enfilado contra la propia Rusia.

Cuando Rusia empieza a levantarse de nuevo, a partir de los años 2000, se convierte en el principal obstáculo al plan destinado a apoderarse del control de las vías energéticas entre Europa y Eurasia a través de los Balcanes, plan que los estrategas estadounidenses habían trazado y comenzado a poner en práctica fundamentalmente con la guerra contra Serbia, en 1999.

Estados Unidos y la Unión Europea tratarán entonces por todos los medios de diversificar el aprovisionamiento de los países europeos para reducir su potencial dependencia de Moscú. Surge así el proyecto del gasoducto Nabucco, hoy prácticamente abandonado, que consistía en garantizar que Europa se alimentara con el gas proveniente de Azerbaiyán y de Turkmenistán, recurso que transitaría a través de Turquía, evitando el territorio de Rusia y bordeando Grecia. Alrededor de ese proyecto existía un ambicioso plan geopolítico estadounidense que consistía en convertir al aliado turco en eje de un «Medio Oriente ampliado», que habría que remodelar previamente, y en centro regional del tránsito energético entre el Medio Oriente y los Balcanes. Читать далее

Rusia-Estados Unidos: ¿fin del «Reset»?

pb-130617-obama-putin-meeting.photoblog900Siguen deteriorándose las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, proceso que incluso parece haberse acelerado en las últimas semanas. En primer lugar aparece el conflicto sirio, cada vez más similar a una guerra indirecta entre los dos países.

Así que la ilusión de una «nueva “entente”» ruso-estadounidense no ha durado mucho. La más reciente cumbre del G8 estuvo marcada por la fractura siria, que ilustró claramente la oposición entre Rusia y las demás potencias del grupo, encabezadas por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. El presidente ruso Vladimir Putin recordó claramente durante toda la conferencia que «no es el pueblo sirio sino comandos bien entrenados y armados, incluso desde el extranjero (…) por organizaciones terroristas, quienes están luchando contra al-Assad».

Como entre Europa y Qatar ya no hay más que un paso, nada tiene de sorprendente que los «Amigos de Siria» hayan decidido hace poco apoyar más activamente aún a la oposición siria, optando por una solución cada vez más militarizada. Paradójicamente, fue John Kerry quien hizo la declaración más dura que se haya oído hacia Rusia, acusándola de ser el principal responsable de la continuación del conflicto en Siria, declaración que sin dudas traduce la interrupción de la luna de miel ruso-estadounidense, por algún tiempo. Читать далее

El terrorismo, de Boston a Moscú, pasando por Damasco

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Desde el fin de la URSS, uno de los mitos fundadores de la política exterior euro-estadounidense hacia Rusia está basado en la situación existente en el Cáucaso. A partir de 1994, el Estado ruso enfrenta allí una rebelión armada que reclama la independencia y que recurre rápidamente a importantes fuerzas de mercenarios extranjeros para emprender la supuesta guerra de independencia de Chechenia. El conflicto se transformará rápidamente en una guerra religiosa, esencialmente bajo la presión de los mercenarios islamistas que tratarán de extender el conflicto a todo el Cáucaso para instaurar allí un califato regional.

Desde el comienzo mismo de las operaciones militares rusas tendientes a restablecer el orden en el Cáucaso y a impedir el desmembramiento del país ante el empuje de una ayuda exterior, Rusia tuvo que enfrentar también una presión mediática, moral y política sin precedentes. Los grandes medios de la prensa occidental nunca dejaron de presentar a los combatientes islamistas del Cáucaso como freedom fighters [luchadores por la libertad] que se batían por una hipotética independencia o por la preservación de culturas amenazadas –culturas que, como podemos comprobar ya en 2013 (o sea, muchos años después) nunca estuvieron en peligro. Rusia, que está enfrentando el terrorismo de la internacional yihadista y de sus patrocinadores extranjeros –los países del Golfo, Turquía y varias potencias occidentales– casi nunca obtuvo en ese combate la compasión ni el apoyo de los países occidentales.

En esa presión en contra de Rusia, Estados Unidos tiene una responsabilidad muy importante debido a su condición de líder económico, político y moral de los países occidentales. Un ejemplo de ello es que el Departamento de Estado parece haberse estado entre los fundadores del principal sitio web de propaganda antirrusa del Cáucaso –sitio que asume la defensa de terroristas como Doku Umarov (cuyo movimiento está clasificado por la ONU como terrorista) y que justifica los atentados contra el Estado ruso. Eric Draitser recordaba recientemente que numerosas ONGs operan en el Cáucaso a través de un respaldo financiero directo de Estados Unidos y que apoyan oficialmente el separatismo en esa región, convirtiéndose así indirectamente (¿e involuntariamente?) en cómplices de los terroristas que operan en esa región del mundo.

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Depardieu se hace ruso. ¡No están tan locos estos galos!

 

Un texto bastante sorprendente apareció el 3 de enero de 2013 en el sitio web del Kremlin anunciando que el presidente Putin otorgaba la nacionalidad rusa al actor francés Gerard Depardieu [1].

Este decreto presidencial aparece en el marco de una polémica entre el actor y las autoridades francesas después de la adopción de un proyecto de ley destinado a cobrar en Francia un impuesto del 75% sobre los ingresos muy elevados. El actor criticó enérgicamente el proyecto de ley, antes de decidir emigrar a Bélgica. Posteriormente decidió devolver su pasaporte francés, cuando el primer ministro francas Jean-Marc Ayrault calificó de «miserable» su decisión de establecerse en Bélgica.

 

El caso tomó un nuevo giro cuando las autoridades rusas invitaron al actor a instalarse en Rusia, prometiéndole que el impuesto ruso sobre los ingresos, del 13%, no será modificado. La más reciente sorpresa en este asunto fue la decisión del presidente ruso que otorga al actor la nacionalidad rusa. Depardieu escribió entonces una increíble carta de amor al pueblo ruso y a su presidente, afirmando además que «es agradable la vida en Rusia» [2]. En la noche del 5 de enero, al actor recibió su nuevo pasaporte, en la estación balnearia de Sochi, de manos del propio presidente y al día siguiente se le propuso un cargo de ministro de Cultura en una región central de la Rusia europea, puesto que rechazó humildemente. Читать далее

¿Es la Gran Albania un proyecto de Estados Unidos contra el mundo ortodoxo?

El miércoles 5 de diciembre de 2012, el primer ministro de Albania Sali Berisha se pronunció por el reconocimiento de la nacionalidad albanesa para todos los albaneses, sin importar su país de residencia. La declaración se produjo durante una visita a la ciudad de Vlora, donde se proclamó la independencia del Estado albanés hace precisamente 100 años, en momentos en que Albania acababa de liberarse del yugo otomano.
 
Esta declaración se produce a continuación de otra, de carácter conjunto, que el propio Sali Berisha había hecho hace varias semanas junto a su homólogo de Kosovo Hashim Taci y en la que se prometía la unión de todos los albaneses. Hay que señalar que el lugar de la declaración fue bien escogido ya que la inmensa mayoría de los habitantes de Kosovo son actualmente de origen albanés, algo que no siempre fue así.

 
En tiempos de la guerra de los Balcanes, en 1913, los serbios eran todavía mayoritarios. En 1941, Kosovo pasa a formar parte de la Gran Albania (ya) en aquel entonces bajo el protectorado de la Italia fascista. Al terminar la guerra, el mariscal Tito prohibiría la inmigración albanesa ya que, en su opinión, Yugoslavia sólo podía ser fuerte con una Serbia lo más débil posible. Y en 1974, fue el propio Tito quien otorgó a Kosovo la categoría de provincia autónoma, posteriormente suprimida por Slobodan Milosevic, en 1989, en momentos en que los serbios ya no pasaban de ser un 15% de la población.

Moscú, capital de la civilización europea

El Financial Times del 25 de agosto de 2008 señalaba con amargura que “Washington se limita a mirar cómo otras potencias modifican la realidad”. En una edición del Financial Times de 1991, tal afirmación solo hubiera podido encontrarse en alguna rúbrica del tipo “escenario catastrófico para el futuro” o en la sección de “ciencia ficción”. Es cierto que la prensa americana de 1991 informaba de otros acontecimientos: la URSS acababa de derrumbarse con el Muro de Berlín. En las arenas de Irak, Bush padre prometía a la humanidad un “nuevo orden mundial”, justo, maravilloso y, sobre todo, unilateral bajo la protección de la bandera de estrellas mientras Europa emprendía su proceso de reunificación. Habíamos entrado en la llamada era eterna de la “pax americana” con todos sus corolarios, militares, financieros y económicos.

Algunos incluso predijeron el fin de la historia, pero la historia nos enseñó que estaban equivocados. La “estación unipolar”, por tanto, duró muy poco. Solo hicieron falta diez años para que un improbable atentado a gran escala se produjera en territorio americano. A partir de ahí, el imperio desencadenó dos conflictos militares en Afganistán y en Irak, arrastrando, en nombre de la lucha contra el terrorismo, a la mayoría de las naciones europeas. Europa, por dos veces, en 2004 y en 2005, pagó el pesado precio de su “colaboración” con la OTAN.

Menos de 20 años después del colapso de la URSS, el titular del Financial Times era más actual, pues el país se preparaba para elegir a sus nuevos dirigentes. Una guerra defensiva de cinco días, hábilmente ganada por Rusia en el sur del Cáucaso, fue suficiente para detener el proceso de extensión de la OTAN. Por primera vez, una potencia contraatacaba militarmente a los Estados Unidos de América. El mes de agosto de 2008, los tanques rusos que defendían Tsjinvali cerraban el viejo mundo, unilateral y neoliberal.

Contra la OTAN, arma de América contra Europa

Como revelaba la agencia Novopress, es habitual ver a América como invariable aliado de Europa, habiéndola salvado de las garras de los totalitarismos, rojos y pardos. Aunque esto es parcialmente cierto, se olvida permanentemente, sin embargo, que la hegemonía americana se manifestaba poniendo bajo su tutela a Europa. Después de la guerra de 1914, en la que los Estados Unidos tuvieron la ocasión de liquidar los imperios europeos y continentales del “eje” (alemán, austrohúngaro, otomano), de imponer el reino del dólar contra el de la libra esterlina, pero también de confiscar la supremacía en los mares a Inglaterra (control de los océanos). Theodor Roosevelt incluso declaró: “¡No hemos sacado provecho de la guerra!” Su primo Franklin Roosevelt, aprendiendo la lección, monetizará su entrada en la segunda guerra mundial, en la conferencia de Anfa, poniendo sus condiciones a De Gaulle y Giraud, los cuales tuvieron que comprometerse a desmantelar el imperio colonial francés. En 1945, Roosevelt, consciente y cínicamente, entregó la mitad de Europa a Stalin, asegurando así el éxito del comunismo y su expansión durante cincuenta años, manteniendo la división de Europa y, por tanto, acelerando su debilitamiento. Hoy, esta lógica de subdivisión de Europa se mantiene nuevamente por las estrategias americanas desde el conflicto iraquí de 2004 (oposición entre la vieja / nueva Europa), y la política a corto plazo de los nuevos miembros de la Unión europea, como nuevos estados coloniales americanos (ya se trate de Polonia o de los Países Bálticos), política irracional que sigue una lógica postguerra fría, es decir, ante todo, nacionalista y no proeuropea, y sobre todo, antirrusa.  

Este chantaje económico-militar se une hoy en día al chantaje energético, ya que esta subdivisión europea “obligada” justifica la participación de los europeos en acciones brutales y violentas por todo el mundo, en nombre de la democracia, acciones que, en realidad, disimulan los intentos de la toma de control de sectores energéticos que dejan de lado a Rusia. «

Sin embargo, desde la caída de la URSS y el Muro de Berlín, la OTAN ya no tiene razón de ser. Incapaz de vencer a los “terroristas” y al “tráfico de opio afgano”, como recordaba Serguei Lavrov, la OTAN se ha convertido en una organización obsoleta, golpeada por el fracaso continuo y que ya no refleja los “intereses” europeos. En efecto, la “amenaza” soviética y el Pacto de Varsovia han desaparecido y la nueva amenaza terrorista, considerablemente menos elevada, si no fuera por las persistentes acciones de la OTAN a través del mundo.

Los europeos deben hoy darse cuenta de que sus soldados actúan como sustitutos de los del ejército americano, muriendo en guerras que no son las suyas. Pero aún, colaborando con la OTAN, Europa se sitúa en una posición conflictual con actores fundamentales para la estabilidad y la paz, ya sea el mundo musulmán (donde la OTAN se percibe como una “alianza de cruzados modernos”), o ya sea el mundo eurasiático, donde la OTAN es vista como una herramienta americana, factor de problemas para las grandes potencias en ciernes como Rusia, China, India o Irán, todas ligadas en el seno de la Organización Regional de la Cooperación de Shanghái.

Hacia los reagrupamientos continentales y civilizacionales

Este nuevo orden multipolar parece configurarse por la vía de la emergencia de grandes conjuntos civilizacionales e identitarios (Unión europea, Unión eurasiática, subcontinente indio, etc.). Este fenómeno de “reagrupamiento” suprarregional es el opuesto al movimiento de “fragmentación” que América opera sobre Europa, fragmentación destinada a la constitución de pequeños conjuntos fácilmente controlables económicamente y dependientes militarmente. Fragmentaciones también fomentadas por la OTAN y dogmáticamente atribuidas al colapso postsoviético.

Estos nuevo reagrupamientos “autocentrados” no solo tienen lugar en Eurasia, sino en todos los continentes, ya sea en América del Sur (Argentina, Brasil, Venezuela y Bolivia), en África o en el mundo musulmán, árabe o panturco. Estas agrupaciones se operan a través de núcleos históricos, civilizacionales o económicos. Estos corazones imperiales son, de forma general, las grandes capitales etnoculturales de las zonas afectadas, a saber, Pekín para China, Tokio para Japón, Caracas o Río para América del Sur, dudando los musulmanes entre La Meca, Teherán o Estambul, con un aumento en potencia de los musulmanes de Asia. Hay que señalar el lugar absolutamente único de Rusia, en la encrucijada de todos los mundos, islámico por su posición en la OCI, occidental por la vía del COR, europeo esencialmente o incluso asiático por su geografía y por su participación en la OCS.

La alianza continental eurorrusa, fuente de la paz mundial

De estos “conjuntos” que representan potenciales competidores económicos, o incluso militares, América teme a uno mucho más que al resto: la Gran Europa, ese “frente continental”, coloso económico y militar, gigantesco imperio de Reikiavik a Vladivostok, potencial líder económico y militar planetario. La división querida y deseada por los estrategas americanos va en este sentido: debe hacerse todo lo posible para impedir la unidad paneuropea. De John O´Sullivan, que en 1845, en su “destino manifiesto”, escribía: “… con la aniquilación de Europa, América se convertirá en el amo del mundo”, o en 1890, precisando que: “La envejecida Europa ya no tiene los medios para salvaguardar los valores civilizadores de Occidente, retomados por una América dinámica emergente”, concluyendo con la famosa fórmula “Europa debe morir”. A lo largo del siglo XX, América ha tomado el control de los mares (sustituyendo a Inglaterra), y sus estrategas van a teorizar la segunda etapa: la toma de control de la tierra, especialmente del Heartland eurasiático.

América, aislada del mundo entre dos océanos, sabe perfectamente que es en el continente (euroasiático) donde está en juego el futuro del mundo, porque es allí donde se concentran el mayor número de civilizaciones, el mayor número de seres humanos y la gran mayoría de los recursos del planeta. Para que Estados Unidos no “salga” del juego mundial y siga siendo el líder, debe impedir el surgimiento de otro líder (la alianza ruso-alemana) y, sobre todo, preservar una alianza entre los futuros líderes de esta zona (eurorrusa y china).

Por tanto, América se opone cada vez más agresivamente a los acercamientos eurorrusos, ya sean económicos (North Stream), militares (¿hacia Helsinki 2?), o simplemente tratando de acentuar la fractura entre Europa y Rusia (extensión de la OTAN hacia el este, creación de conflictos militares como Georgia y Ucrania…).

Moscú, capital de Europa

Hace 5000 años, la civilización europea se encontraba en manos de los germanos, los eslavos, los griegos y las culturas mediterráneas. Después, Europa cayó bajo el predominio de los romanos. La pax romana durará seis siglos y conducirá a la creación de los dos imperios cristianos, llamados de Oriente y Occidente. En el oeste, tras el pánico de las invasiones germánicas, se construirá un embrión de Europa, mezclando cristianismo, romanidad y germanidad, siendo un bárbaro franco coronado emperador de Occidente.

Después de Atenas, Roma y Aquisgrán, fue Bizancio/Constantinopla, la que permaneció como capital unitaria (de Oriente) de Europa durante otros 8 siglos, basando su unidad en el cristianismo y la lengua griega, “reemplazando” el corazón de Europa al borde del Mediterráneo.

Los próximos cinco siglos verán a Oriente inclinarse bajo la media luna otomana mientras Europa occidental prepara su autogenocidio del siglo XX. Tras la “gran guerra civil” de los treinta años (1914-1945), la división entre el Este y el Oeste se consumó. Peor aún, los “corazones” de las dos eurocivilizaciones que se enfrentaban estaban desterritorializados. Para Europa del Oeste era Washington el que federaba al Occidente libre de los aliados, mientras que en Europa del Este era Moscú el “corazón” de la Europa soviética. Estos dos corazones tenían, cada uno, su proyecto de dominio planetario, pero solo uno pasará el tránsito al siglo XXI.  Después de la caída del Muro de Berlín, por primera vez, el concepto de Europa desaparece, sustituido por el de Occidente.

América se ha convertido en el centro del mundo y Bruselas en una simple filial del Pentágono que reorganiza una Europa fragmentada al ritmo de su integración militar en la OTAN.

Sin embargo, los recientes acontecimientos revelan la urgencia, para Europa, de emanciparse de la tutela americana y de comprender que este proyecto atlantista de América (el eje Washington-Bruselas), edificado bajo las ruinas de la Europa real, no es, en ningún caso, un proyecto aceptable para los pueblos europeos que desean vivir en paz. Los europeos tienen la elección en sus manos: o bien defender las ruinas del viejo mundo occidental bajo la bandera de la OTAN, en una lógica de total confrontación con el resto de la humanidad, con Rusia a la cabeza; o bien optar por la colaboración continental, vía Rusia, superando incluso el proyecto paneuropeo del visionario general De Gaulle (el eje París-Berlín-Moscú).  

Rusia, dormida bajos los últimos dirigentes exsoviéticos, se ha despertado, convirtiéndose hoy en el hipercentro de resistencia a la americanización forzada y a la extensión agresiva y criminal de la OTAN. Rusia nos ha demostrado no solo que está dispueta a defender sus intereses, sino también a colaborar con Europa y a participar activamente en un proyecto de sociedad pacífica, multilateral y fundado en la concertación. Como los rusos de 1999, los europeos del siglo XXI deben salir de su pesadilla y liberarse, en primer lugar de las cadenas de la OTAN, que se extienden hasta las fronteras ucranianas y bielorrusas y tienen el riesgo de conducirles a un conflicto con sus hermanos rusos.

Europa está situada “en” el continente eurasiático, en el que ocupa la fachada atlántica, mientras que Rusia ocupa la mayor parte de la tierra y la fachada pacífica. Europa y Rusia están intrínsecamente ligadas y pertenecen al mismo continente: ¡Eurasia! Eurasia es la casa común de europeos y rusos, de Reikiavik a Vladivostok. Gracias a Rusia, otra Europa, la eurasiática, se construye frente a la “pequeña Europa” atlantista de Bruselas.

Después de Atenas, Roma, Bizancio, Aquisgrán y Constantinopla, Moscú es la nueva capital de Europa. © Fuente: Agoravox.fr